Todo comenzó cuando yo era chico, tenía ganas de tener un karting y como justo me tenia que operar de los tendones hicimos un trato con mi padre: yo me operaba si el me construía un karting. Así fue como se hizo. Yo me opere y él empezó a hacerlo. El primero fue con una estructura de madera, tenía una butaca también hecha de madera y forrada con polifón. El chasis del karting era de un autito a pedal y funcionaba con un motor de bomba de agua. También tenía unas ruedas patonas para andar en todos los terrenos, pero lo que no tenía era acelerador ni freno. El motor se apagaba con una palanca que era un hierro que tenía en la punta una perilla y eso iba con una goma al acelerador del motor entonces cuando yo la movía, el motor se apagaba.
Lo pinte de verde y le dibuje el numero 7, le puse unos ojos de gato y después de coquetearlo un poco lo salimos a probar al Cilindro. Estuvo impresionante, era como el auto de los pica piedras. Sin duda lo disfruté mucho.
Luego con el pasar del tiempo, me empezó a quedar chico y papá me hizo otro que tenía mejor terminación y estaba más pensado. Lo disfrute como el primero, me dio seguridad en el manejo. Como mi evolución era buena en el volante decidimos venderlo y comprar uno con todo lo necesario para un buen manejo. Tanto es así que por confiarme se me dio vuelta, ese fue el único susto del que salí ileso. De esto hace ya mucho tiempo. En la actualidad mi evolución es visible.